Un encuentro emocionante al lado de Casa Robin

Gepubliceerd op 31 januari 2026 om 19:55

El día en que un colibrí me dejó botado Ahí estaba yo, una caracara cabeciamarilla, bien plantado en la punta de un árbol tan alto y tan tambaleante que hasta el viento dudaba si debía pasar. Vista perfecta, paz absoluta, el lugar ideal para fingir —solo un ratico— que yo era el rey del valle. Miré alrededor, disfruté del panorama, y hasta me puse un poquito filosófico. Ya sabes, ese momento en que uno piensa: sí, este es mi árbol, mi cielo, mi día. Y de repente… ¡Zzzzzzzip! De la nada pasó un colibrí por detrás de mí. Ese mini-misil emplumado, hiperactivo, con alas que suenan como si alguien hubiera soltado un dron de bolsillo. Me miró con una cara de: “¿Qué, pues? ¿Va a moverse o se va a quedar ahí pensando?” Yo lo miré sorprendido, pero siendo sincero, lo entendí al instante: A ese nunca lo voy a alcanzar. Ni hoy, ni mañana, ni en esta vida. Así que hice lo que haría cualquier caracara digna: sacudí mis plumas, fingí que todo estaba bajo control, y me fui volando un poquito más allá. Que el colibrí siga en su carrera; yo soy más de la filosofía aérea en cámara lenta.

 

Fotos tomadas por mí hace un momento, aquí cerquita de Casa Robin.