Hoy, justo a las 2:00 de la tarde, empezó el espectáculo de cada año en el parque de Guática. Como si todos hubieran recibido una invitación secreta, los moteros fueron llegando uno por uno alrededor del parque principal. Las motos ronroneando, la gente arrimándose a las orillas con curiosidad, y por todas partes bolsitas de Maizena que ya estaban siendo amasadas con ganas. Porque aquí en Guática, el 31 de diciembre significa una sola cosa: es hora de empolvarse.
Esta tradición, que se ve en varios pueblitos de la zona cafetera, es la manera de sacudirse el año viejo. Mientras otros celebran con pólvora o confeti, los guatiqueños prefieren algo mucho más juguetón: una nube de polvo blanco que vuelve a todos iguales. Jóvenes, mayores, turistas, locales… en el momento en que la primera manotada de Maizena sale volando, todos quedan metidos en el mismo ritual alegre.
En pocos minutos, la calle del parque se volvió una neblina blanca. Los moteros avanzaban despacio detrás de un camión, atacándose entre ellos a quemarropa. Es imposible estar ahí sin que se te escape una sonrisa. Me imagino que suben y bajan entre Santana y Guática, como parte del recorrido.
Lo bonito de esta tradición es lo ligera que se siente. Es como un reinicio juguetón: uno empieza el año literalmente blanqueado, liviano, con el corazón tan abierto como las calles de Guática.
Y la verdad… mientras estaba ahí, pensé: Si así despedimos el año, lo que viene solo puede ser bueno.