A veces la vida Colombiana da unas vueltas

Gepubliceerd op 29 december 2025 om 22:50

Uno nunca sabe cómo va a terminar el día en Colombia. Esta mañana contábamos op een zware tocht, pero nada que ver: fue todo lo contrario. Hoy batimos récord personal. A las 8 en punto salió la buseta de Jardín, con el mismo señor malgeniado de copiloto. Sus órdenes cortas y gruñonas estaban de vuelta, pero por dicha el conductor era el mismo muchacho que la vez pasada manejó la chiva por el paso sin ningún problema. Eso ya daba confianza.

Y con razón: tres horas y quince minutos después estábamos entrando a Riosucio.

(Ya hemos tardado seis horas, tres de ellas en plena oscuridad, con lluvia y derrumbes. Esa vez la carretera sí estaba de miedo.)

El punto más alto está casi en los 2900 metros: aire delgadito, paisajes enormes. Al llegar a Riosucio tuvimos el tiempo justo para sacar la maleta del maletero y comprar el tiquete para la siguiente buseta hacia El Tigre.

A las 12:15 ya estábamos bajándonos allí. Cuarenta minutos de caminata después, antes de la 1:00 ya estábamos tomando tinto en Las Vegas, como si todo hubiera fluido sin esfuerzo. Hicimos unas compritas, nos comimos una paleta de agua y, cuando la jeep reunió nueve pasajeros, arrancamos para Ospirma. A las 2:15 ya estábamos en la casa, con la lavadora trabajando feliz: el regreso al ritmo cotidiano después de una mañana llena de movimiento.

Al llegar, Rick vio un cactus pequeñito, casi seco, que de un momento a otro estaba florecido. Rosado suave, frágil y valiente a la vez. Y en la terraza, un colibrí. Quieto. Como si hubiera aterrizado hace un segundo y luego simplemente… se hubiera apagado.

Vida y muerte lado a lado. Tan cerca, tan natural, tan Colombia