Compras navideñas, natilla y un Cabra que contesta

Gepubliceerd op 23 december 2025 om 20:34

Esta mañana Rick salió a montar en bici un par de horas y yo seguí juiciosa limpiando las ventanas y los marcos. Ese trabajo sí que es cansón con esas barras de hierro ahí pegadas. En la tarde le preguntamos a Rosa si mañana podía preparar natilla en Casa Robin para todos los que quieran pasar. De una dijo que sí, y fuimos juntas a hacer las compras. Ese gesto tan colombiano de abundancia y cariño. Ya me imagino la escena: la gente entrando sin avisar, las cucharitas sonando contra los pocillitos, y Rosa feliz porque todos están disfrutando. Y yo también, obviamente.

Hoy también sorprendí a nuestro vecino con su regalito de Navidad. Le llevé un montón de billetes antiguos, incluso unos de la antigua Yugoslavia, de cuando estuve por allá hace como 35 años. Él colecciona billetes, así que pensé que le iba a fascinar. Y sí: la cara se le iluminó como una estrella de Navidad. Felicidad pura.

Y como pasa aquí: uno da algo y le devuelven tres cosas. Al ratico apareció con un reloj viejo para Rick, un racimo de bananos para mí, y luego volvió otra vez con leche fresca de mi amiga la cabra. 

Porque sí, la cabra vive literalmente al lado de la casa. Y yo tengo conversaciones enteras con ella. Escucha atenta, mastica despacio y luego me mira como diciendo: “Tiene razón, vecina.” A veces eso es justo lo que una necesita.

Son esos detallitos los que hacen tan especiales estos días de diciembre: un pueblo que respira, vecinos que dan sin medir, Rosa revolviendo la natilla como si la Navidad dependiera de eso, y una cabra que ya es prácticamente mi confidente.